REVISTA ECCLESIA
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Santa Macrina y Carmen Hernández
A los 10 años del dies natalis de Carmen Hernández, iniciadora del Camino Neocatecumenal. Por Antonio Alcaraz, director del Departamento de Ciencias Humanas y Religiosas de la Universidad Católica de Murcia (UCAM)
El 19 de julio de 2016 pasa de este mundo a la presencia de Dios Carmen Hernández Barrera, mujer que acompaña a Kiko Argüello en los inicios del Camino Neocatecumenal, itinerario de formación cristiana surgido en el contexto del Concilio Vaticano II.
El Espíritu Santo suscita, y sigue potenciando, la renovación conciliar que es, eminentemente eclesiológica, tal como lo señala el papa León XIV el 7 de enero de 2026 en la presentación de las catequesis que imparte sobre el Concilio. En este discurso recuerda la gracia que supone para la Iglesia el Concilio. Para ello cita a los Papas Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. En este mismo discurso, afirma que estas catequesis refuerzan el reciente aniversario celebrado en 2025 del Concilio de Nicea y el recuerdo del 60 aniversario del Concilio Vaticano II. Si Nicea es un concilio eminentemente cristológico, el Vaticano II lo es eclesiológico, aunque siempre desde una perspectiva profundamente cristológica. De hecho, no es casual que la constitución principal del Concilio sobre la Iglesia, Lumen gentium, comience no hablando de la Iglesia, sino de Cristo.
Sobre el Concilio Vaticano II podemos hacer una comparación: si Nicea responde principalmente a la pregunta «¿Quién es Cristo?», muchos autores consideran que el Concilio Vaticano II responde, sobre todo, a la pregunta «Iglesia, ¿qué dices de ti misma?», expresión popularizada por Pablo VI al describir la finalidad del Concilio.
Es importante señalar que, en los acontecimientos donde aparece el impulso del Espíritu Santo, como Nicea y el Vaticano II, este mismo Espíritu suscita personas que llevan a cabo la obra que Dios inicia. Ciertamente, muchos hombres y mujeres son portadores de esta tarea, pero podemos fijarnos en dos figuras que tienen un papel significativo: cada una con sus dones y en situaciones distintas, unidas a lo que es Nicea y lo que es el Vaticano II. Estas son dos mujeres que comparten una fecha concreta, el 19 de julio: santa Macrina la Joven y Carmen Hernández.
La Iglesia celebra este día, en el Martirologio Romano, la memoria litúrgica de santa Macrina, situando la mayoría de las fuentes esta fecha del año 379 como día de su muerte. Si santa Macrina tiene su presencia y una tarea concreta en la defensa de la fe cristológica proclamada en Nicea contra el arrianismo, Carmen Hernández, que tiene su dies natalis el 19 de julio de 2016, va a tener un papel trascendente, por los inicios y consolidación del Camino Neocatecumenal, en la puesta en práctica de la renovación eclesiológica del Vaticano II.
Siendo misiones concretas y diversas, están unidas Macrina y Carmen, no solo en una fecha, sino en la tarea de vivir y hacer presente lo expresado en los Concilios. Santa Macrina la Joven —llamada así para distinguirla de su abuela, santa Macrina la Mayor— va a tener una misión que puede pasar desapercibida, pero muy importante, para llevar a cabo el impulso del Concilio de Nicea: ella, gran conocedora de las Sagradas Escrituras —como Carmen—, es la mayor de los hermanos que van a estar bajo sus orientaciones y consejos y que serán las voces defensoras del contenido conciliar; en efecto, algunos de sus hermanos son san Basilio Magno (uno de los principales arquitectos de la teología nicena), Naucracio (que murió joven), san Gregorio de Nisa (gran defensor de la Trinidad y de la divinidad de Cristo) y san Pedro de Sebaste (que continuó la obra de san Basilio y apoyó la ortodoxia nicena).
La relación de Macrina con san Basilio y san Gregorio es profunda e intensa, siendo una persona importante en su formación. Ella también realiza la evangelización a través de la vida virginal, con que anima a otras mujeres a seguir su ejemplo de entrega a Dios. En su vida se hacía presente —como en Carmen— el resplandor de la Pascua, tema también que trata el Concilio de Nicea al reflexionar sobre la Pascua y unificar su fecha. Este amor a la Pascua ejerce en Macrina una dinámica admirable de renuncia a los ídolos de este mundo —proceso, de igual manera, presente desde el principio en el itinerario bautismal que vivió Carmen—. Nicea hace que la Iglesia anuncie con claridad quién es Jesucristo y, desde ese anuncio, proporciona el fundamento para la unidad de la fe, la vida de la Iglesia y su presencia en la sociedad. Este es el espíritu que vive y transmite santa Macrina en su familia y a las vírgenes que se unen a ella. Si santa Macrina está envuelta en el espíritu de Nicea, Dios llama a Carmen a vivir el Pentecostés eclesial del Concilio Vaticano II junto a Kiko Argüello, renovando la fe de los bautizados e iniciando un camino para cuantos se acercan a la Iglesia. Su vida de entrega, también en una vida virginal, es completamente para Dios, y su maternidad espiritual —como la de santa Macrina— ha dado frutos abundantes: la extensión y crecimiento del Camino Neocatecumenal es solo un signo, la llamada a la conversión continua en la vida de las comunidades eclesiales, los matrimonios renovados, las numerosas vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada, son algunas de las obras de Dios que se hacen presentes en este Camino.
Hoy, día 19 de julio, tenemos delante a dos grandes mujeres y dos grandes concilios. No es casualidad que se dé en una misma fecha el dies natalis de estas mujeres cuyas vidas están unidas a los concilios: santa Macrina a Nicea, y Carmen Hernández al Vaticano II.





